Ramiro Carrillo A.

Como abogado penalista considero que el mayor de los desafíos probatorios es la denominada, en latín probatio diabolica o en castellano prueba diabólica de hechos negativos.

Es posible demostrar la existencia de jirafas en un bosque de Cochabamba, e incluso dar una prueba concluyente de que sí existe vida inteligente en el planeta Júpiter, pero en riguroso rigor, rigurosamente, no es posible probar que no existen jirafas en un bosque, ni tampoco que no haya vida, inteligente o no, en ningún otro lugar.

En muchas ocasiones, por ser indemostrables sus dictámenes cuidadosamente selecionados para que sean irrebatibles, no es posible probar que el polígrafo, un adivino o un medium, miente, aunque tengamos la certeza absoluta de que está mintiendo interesadamente.  Los polígrafos son deliberadamente falaces y juegan, en ocasiones magistralmente, con la probatio diabolica o en castellano prueba diabólica y, además de hacer publicidad encubierta y subliminal son capaces de entrar en una prisión, engañando al fiscal para interferir en un proceso penal.  Uno de los polígrafos, al menos, ha demostrado que es capaz de todo ello, y seguir presumiendo en la televisión, lo que dice mucho de su escasa moralidad, y también de nuestras limitaciones para impedirle seguir engañando, diabólicamente.

Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889 — †Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) hizo grandes contribuciones a la filosofía probatoria, precisamente por delimitar bien lo que puede ser probado, demostrado o simplemente mostrado, y lo que no puede ser probado, ni demostrado, ni mostrado.  Sus agudísimas reflexiones «Sobre la certeza», «Investigaciones Filosóficas», y su luminoso «Tractatus Logico-Philosophicus», hacen pensar en la imposibilidad de decir lo que se puede mostrar (4.1212 Was gezeigt wenden kann, kann. nicht gesagt werden) y demostrar, y por lo tanto, también sobre lo que es imposible probar, haciendo consiguientemente también imposible cualquier certeza sobre lo que no se puede mostrar y demostrar.  Y lo inexistente no se puede mostrar, aunque sí se puede demostrar, en ciertos casos, que existe una contradicción entre su posible existencia y a existencia de algo (coartada) incompatible, porque como decía Aristóteles en su Metafísica, menos la contradicción, todo es posible.

En mi experiencia, como abogado en casos complejos y de difícil prueba, la inmensa mayoría de los jueces, especialmente los que actúan como juez instructor, y numerosos fiscales, tienen gravísimas carencias en fundamentos probatorios.

Muy pocos conocen la existencia, y menos aún han leído algún párrafo, de la «Lógica de las pruebas en materia criminal» de Nicola Framarino dei Malatesta.  Pero mucho más grave aún que su incultura e ignorancia de la literatura probatoria, es su incapacidad para razonar correctamente porque en muchas ocasiones, y una sola ya serían demasiadas, argumentan falazmente. Pocos, muy pocos jueces o fiscales pueden distinguir entre los diversos tipos de falacias, y son escasísimas las resoluciones, sentencias o autos judiciales, que evidencian falacias detectadas por el juez o el fiscal aunque sean escandalosamente engañosas y perfectamente subsumibles en la mendacidad. Hay algunas excepciones en la claridad de ideas de algunos, muy pocos, jueces y fiscales, pero lamentablemente, en demasiados casos hay que presentar un recurso de apelación.

 

VíaMiguel Gallardo
Carrillo Abogados & Asoc.
Abogado, colegiado en el ICALP y el Ministerio de Justicia del Estado Plurinacional de Bolivia, director de las páginas jurídicas SOLO DERECHO, SOLO JURISPRUDENCIA y de los periódicos digitales SOLO NOTICIAS y LOGOS BOLIVIA; docente universitario, autor de artículos de prensa y expositor en diferentes áreas del derecho.